El remordimiento es el veneno de la vida. Jane Eyre

 



Jane Eyre. Hay romanticismo en cada poro de su piel y en cada página que respira el libro. Es impresionante el sentido de la dignidad de esta joven resolutiva, avispada y real. Me parece todo un referente feminista del siglo XIX. Es increíble su conciencia de sí misma y de todos aquellos que la rodean.

Hacía tiempo que quería leer esta obra, y no me imaginaba hasta qué punto me iba a enganchar. Estaba deseando ir en transporte público a la universidad para poder seguir leyendo, cruzando los dedos por no tener otras lecturas al mismo tiempo y seguir con esta historia. Voy por la mitad del libro. En un primer momento pensé en escribir su entrada para el blog cuando lo acabase, pero creo que puedo comentar qué me está pareciendo desde el punto en el que me encuentro. Así podré comparar más tarde las impresiones de la novela de Charlotte Brontë desde la perspectiva de la Alba de hoy y la de la Alba de antes de que termine octubre (espero haber terminado de leerla antes de que termine este mes).

Jane Eyre es dulzura. De vez en cuando me detengo tras leer alguno de sus capítulos y se me escapa una sonrisa. No sé por qué razón, asocio esta novela con el atardecer. Por eso escogí la fotografía anterior. Recuerdo haberla sacado saliendo del Retiro después de pasar el día en la Feria del Libro, no sé de qué año exactamente. Tuve un profesor que decía que cuando estuviéramos lejos de aquí, en cualquier parte del mundo, siempre añoraríamos el cielo de Madrid, porque no existe ningún azul como el suyo. Cuando paseaba aquel día con mi amiga por la zona, fue casi un impulso hacer aquella foto. Y hoy, después de tanto tiempo, algo me ha susurrado "es Jane Eyre". Así que rápidamente busqué un fragmento de la lectura que me sugiriera un paisaje como éste, y lo escogí.

Reconozco que fue una puñalada de nostalgia el "sé que debemos vivir siempre distantes", pero sólo los valientes se atreven a seguir amando. He rescatado un poema de hace unos años, no es gran cosa, pero me gustaría dejarlo aquí y cerrar un capítulo que no llegué a escribir. 


Puso en duda sus miedos

y las sombras le contestaron.

Se vio atrapado en el recuerdo

hasta el punto de ignorar su propia voz.


Él, que rehuía miradas ajenas;

ella, que se perdió en el punto de partida.


Dos desastres fuertes por lo vivido

y tristes por lo no olvidado.

Sabiendo que la llama quema,

se atrevieron a jugar.


Apostaron por la distancia

de dos cuerpos cercanos.

Él la miraba como quien mira

por primera vez el mundo;

ella se moría por morir en el suyo,

y cuando se ponía de puntillas

para rozar un trozo del cielo,

la llama bailaba entre sus dedos

y él seguía caminando, cabizbajo,

deseando llegar a casa

y poder verla en sueños.


Querían quemarse y lo hicieron.

Sus miedos, la duda, siguen al acecho:

ninguno escribe el punto y final.


Él la encuentra en la poesía, 

ella escribe los versos 

que quiso susurrarle al oído.


Se mueven al mismo compás

en canciones distintas.


Siguieron volando, 

porque un caos puede despertar a otro,

pero nunca dormir a su lado.


Quedan las cenizas de su historia.

Él esperará a que vuelva,

y ella a que sea él quien dé el primer paso.


Junio 2018


Creo que siempre me he escondido en el romanticismo. Hoy entiendo que es bueno entregarse en cuerpo y alma a aquello por lo que merece la pena luchar, pero quedarse puede acabar con uno mismo y una huida a tiempo no es cobarde.

En cualquier caso, Jane Eyre es una historia de amor preciosa -hasta donde yo sé, me he quedado cuando el Sr. Rochester le pide matrimonio a Jane- que ha despertado mi lado sentimental. Si tuviera que escoger una sola canción que me recordara a la historia (elegir sólo una ha sido complicado), sería Amor Prohibido, de Rozalén. No sé cuál será el desenlace, pero tengo la impresión de que no lo tendrán nada fácil...


Comentarios

Entradas populares de este blog

Yo que escribo tantas páginas para los demás no sé bien cómo escribirte a ti. Dime quien soy

Conocer bien a un hombre supone conocerse a uno mismo. Hamlet