Yo que escribo tantas páginas para los demás no sé bien cómo escribirte a ti. Dime quien soy
Febrero 2021.
El nuevo aliento ha cogido aire y respira con fuerza. En menos de un mes la realidad ha ido deslizándose a una velocidad tan vertiginosa que mi único consuelo era pensar que pronto podría regresar a la lectura. Y aquí me encuentro. Me niego a enterrar este blog al final la asignatura, pues me ha ayudado a mirar con otros ojos a las páginas y, por qué no, a reconocerme de otro modo en el espejo. Hace tiempo opté por la prosa, hoy por escucharme. Quizás anticipé que este blog llegaría a su fin en el mismo momento en que recibiera su calificación definitiva, pero me resisto a dejarlo morir. Desconozco si alguien leerá mis palabras, o si se perderán en la marea de internet. Pero escribí un final, y aquí comienza un nuevo principio.
Al inicio de este año me propuse leer más que el pasado. La primera víctima ha sido "Dime quien soy", de Julia Navarro, quien me acompaña desde el verano del 2020 y aún no he tenido la oportunidad de devolver a mi estantería. Estos días lo he recuperado, y puedo asegurar que quizás no salga intacta de sus páginas.
Amelia es un nombre con fuerza, pero no tiene tanta fortaleza como el personaje que lo sustenta. Revolucionaria, pasional, inteligente, valiente y, definitivamente, única. Quizás demasiado para la época en la que le tocó vivir. No hago más que recordarme a mí misma que se trata de una historia de ficción que arrastra una amarga verdad. Amelia recorre desde su más tierna infancia burguesa hasta su juventud varios de los más importantes hechos históricos que marcaron con fuego el siglo XX en España y Europa.
Julia Navarro no da una sola puntada sin hilo. No duda en retratar con objetividad, sin obviar los más escabrosos detalles, a unos y a otros. Desde la fantástica utopía comunista hasta la miseria del pueblo ruso. Desde la fachada republicana color libertad, hasta la más dura represión franquista. Desde el despliegue cultural alemán, hasta el horror nazi. Desde la insignificancia del individuo en masa, hasta lo idóneo de encontrarse en el lugar y momento adecuados para marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Ahora tecleo a una velocidad inferior con un nudo en la garganta. De fondo resuena en mi cabeza una y otra vez al alba de Aute. Huelo un miedo que no he sentido, e imagino un hambre que no he pasado. A su vez, pienso en mis abuelos, niños de guerra, en su mirada vieja que sonríe por nosotros. "No hago más que pensar en los niños". Se me pone la piel de gallina al recordar un tiempo que no fue mío y, que sin embargo, siento muy cerca. La historia se está repitiendo, en los felices años veinte nos encontramos sumergidos en esta horrible pandemia mientras el fascismo resurge y se instala en los parlamentos. La izquierda está dividida, y aunque disponemos de la información, todo sigue igual. Siempre pierden los mismos.
Estoy a unas trescientas páginas de terminar un libro que recordaré siempre, y siento rabia.
"Quiero que no me abandones, amor mío, al alba".

Comentarios
Publicar un comentario