Edad ligera. Carpe Diem
Huele a sudor e invierno en una clase de primero de bachillerato. El profesor, consciente de que apenas pocas personas le escuchaban, proseguía su discurso.
Garcilaso de la Vega.
Tras una breve introducción de su biografía, recita en voz alta el Soneto XXIII. Una vez terminado, levanta la mirada y observa que una de sus alumnas le mira con expectación. Le pregunta si lo ha entendido. Hace hincapié en que "la color en vuestro gesto" habla del rubor sonrosado de las mejillas de la amada, no de su sonrojo, porque la perfección no siente vergüenza.
Mientras, su alumna sí se sonroja en su clase.
***
Dos años más tarde (y una nueva oportunidad al poeta) he descubierto que me gusta. Ha sido al leer sus obras cuando he sido consciente de que a veces es necesario viajar en el tiempo para darse cuenta de que los sentimientos no cambian. Todos amamos, lloramos, reímos, olvidamos, añoramos, vivimos. En distintas intensidades, pero de la misma forma.
No hay nada tan justo y certero como el paso del tiempo. Se nos escapa entre los dedos y no nos damos cuenta. Cuando miro hacia atrás, lo que hace tan poco consideraba tan cercano ahora lo veo difuminado. Nos afecta a todos por igual. A veces me quedaría para siempre en un instante, pero de un momento a otro sé que desaparecerá. De nada sirve tratar de retenerlo, mejor mirarlo a los ojos, vivirlo al máximo y dejarlo marchar. Carpe diem.
En el soneto XXIII me llama la atención el como el poeta juega con los opuestos, con las dos caras de una misma moneda. El como en dos cuartetos consigue pintar un rostro sin verlo, porque no existe. Sin embargo, eso no es lo que realmente me ha impactado. Lo he descubierto al leerlo en mi habitación en voz alta.
Es su musicalidad, el como fluyen los versos de forma tan natural que parece hasta fácil. Cuando lo leí por primera vez hace años, pensé "bueno, pues uno más. Me estudio sus metáforas para el examen y listo". Ahora me parece uno de los poemas más bonitos que he leído (y eso que soy más fan del verso libre...). Por otra parte, me gusta su forma de terminarlo, tan redonda y perfecta. Me transmite la idea de que no pasa nada por perder tu belleza, siempre efímera aunque ahora no lo creas, porque no la perderás. Perderás tu cabello dorado, tu piel tersa, pero no tu mirada ardiente y honesta. Porque tu cuerpo cambiará, pero no tú. Y aunque no enciendas las mismas pasiones que antaño, seguirás siendo bella si vives con la intensidad que sólo por respirar posees.
Como he comentado antes, el tiempo pasa de la misma manera para todos, por lo que el mensaje de este poema puede ser aplicable tanto para un hombre como para una mujer.
Me parece un dulce "vive el momento" que contrasta con los sonetos de Bembo y Tasso.
Quizás el que menos me ha gustado es el de Bembo. Él introduce el elemento de la risa y la voz, pero por muchas veces que lo he leído, no me ha transmitido lo que esperaba. No he logrado escuchar ese sonido, aunque la composición es muy bella. Tampoco encuentro la referencia al paso del tiempo, sólo localizo la idealización de la amada. No he sintonizado con él de la misma forma que lo he hecho (o lo he sentido) con Garcilaso.
Con Tasso sí que lo he encontrado, pero me ha resultado más pesado y triste que el del primer poeta. Es hermoso también, me gusta el verso "mientras que el cielo ofrece un día más claro". Me recuerda a la idea de "mientras queden días buenos, disfruta". Sin embargo, me ha dado la sensación de que las jóvenes deben aprovechar su belleza mientras dure, porque después no encontrarán el amor. Mensaje totalmente diferente del que me ha transmitido Garcilaso de la Vega.
En cualquier caso, no conocía a ninguno de estos autores y me ha gustado descubrirlos. Creo que como lectura complementaria voy a escoger uno de los libros de los escritores renacentistas...
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