Se estrenaba vestido el domingo de Ramos. Empeños y Desempeños. El casarse pronto y mal. El castellano viejo

 


"Llegamos al café, una de las lonjas de empeño, digámoslo así,  y comencé a sospechar desde luego que esta aventura había de producirme un artículo de costumbres"

No hay más que leer el primero de sus artículos para darse cuenta de que el costumbrismo impregna las páginas de las intervenciones de Larra en el periódico. He escogido, para comenzar, "Empeños y desempeños", "El casarse pronto y mal" y "El castellano viejo", y lo primero que me gustaría destacar es el humor y la ironía del autor en las descripciones de sus dos sobrinos, su hermana y el castellano viejo. Había momentos en los que el lector podía imaginarse, aunque no precisamente por el físico, al personaje que estaba siendo retratado. Larra capta la esencia de las personas, y con críticas suaves, y a veces no tan suaves, demuestra cómo influyen y son influidos por la sociedad. 

El año pasado descubrí por primera vez la historia del siglo XIX español. Antes tenía una vaga idea de la Guerra de la Independencia y me quería sonar el nombre de Isabel II. Tras estudiarlo en el instituto, recargado de fechas y nombres y con algún que otro resoplo de mi profesor, seguía conociéndolo vagamente por encima. No por falta de apuntes, sino por la ausencia de ese orgullo histórico del que tanto presumen los que redactan las leyes de educación. Concluí que me sabía a poco. Llegué a indignarme y se lo comenté a mis compañeros, que se encogieron de hombros y dijeron "menos entrará en selectividad". Así que hui hacia delante esperando conocer en el futuro más detalles de esta época. 

Larra, que se suicidó a los 27 años en 1837 (como dijo Max Estrella en Luces de Bohemia: "los jóvenes románticos se matan por amar demasiado la vida"), había participado en política (absolutista...), trabajado como periodista y escribía literatura satírica, no hay más que escoger al azar uno de sus artículos y comprobarlo. 

En cuanto acabe esta entrada en el blog, quiero sumergirme en los cuatro artículos siguientes. Se trata de una lectura muy ligera y divertida que permite al lector conocer rasgos de la sociedad en el siglo XIX. Lo cierto es que, aunque cada siglo tiene sus verdades, la realidad de Larra no dista demasiado de la nuestra. Recuerdo que mi madre me contó que de pequeña, mi tía y ella sólo estrenaban vestido el domingo de Ramos. En casa, mis padres no fueron cosmopolitas hasta que dejaron el pueblo para estudiar en la capital, y como hija debo decir que esto tiene muchas ventajas. A mi padre de vez en cuando se le escapan expresiones que sólo he escuchado en Castilla-La Mancha y mi madre constantemente recita refranes. Mi abuela también ha comentado situaciones parecidas a las que he leído en estos tres artículos. Creo que mi hermana y yo hemos heredado lo mejor de ambos mundos. 

El mejor artículo, para mí, ha sido "El castellano viejo". Empezando por la brillante descripción del castellano insistente que le convida a comer:

Mas la vanidad le ha sorprendido por donde ha sorprendido casi siempre a toda o a la mayor parte de nuestra clase media, y a toda nuestra clase baja. Es tal su patriotismo, que dará todas las lindezas del extranjero por un dedo de su país. Esta ceguedad le hace adoptar todas las responsabilidades de tan inconsiderado cariño; de paso que defiende que no hay vinos como los españoles, en lo cual puede tener razón, defiende que no hay educación como la española, en lo cual pudiera no tenerla.

A medida que continuaba leyendo, más surrealista me parecía la situación. Sin embargo, no pude sino sentir empatía por el narrador. Precisamente hace media hora me ha escrito una vecina para comer el sábado y supongo que iré resignada. Espero que no vuele la comida, ni el vino, ni las aceitunas, ni que la camarera tropiece ni se caiga toda una vajilla al suelo. Esta fue la parte que me resultó más divertida de todo el relato, justo cuando un niño pequeño hace que una aceituna le impacte en un ojo. Tuve un flashback, ya había leído este artículo hace tiempo pero lo había olvidado. Fue este incidente tan molesto para el narrador lo que me hizo recordarlo. Es triste que por aquel entonces me fijara sólo en la situación cómica y no en lo que Larra estaba criticando en el fondo. Sin embargo, me parece curioso como ha cambiado mi gusto como lectora. 

Finalmente, el estilo de Larra me ha recordado al de las canciones de Javier Krahe. He escogido  el tema de El dos de mayo. Sonrisita constante a lo largo de la canción del bohemio y de la narración del romántico.

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