Soy peligroso porque he reflexionado sobre mí mismo. Don Carlos, infante de España



Romanticismo es hacer frente a una tormenta inevitable. Gritar al cielo "estoy aquí" y recibir sólo silencio. Es una lucha de fuerzas de la naturaleza que van más allá del bien y el mal: lo nuevo frente a lo antiguo, el amor frente al odio, el deseo frente a la templanza, el miedo frente a la duda, la vida frente a la muerte. 

Recuerdo a un profesor que nos decía que debíamos sentir en cada poro de nuestra piel cada rayo de vida. Encontrar lo romántico en lo cotidiano: recitar como una sentencia los poemas que duelen, enamorarse de alguien sin cruzar una sola palabra, arriesgarse a recibir un no, ser inconformistas, rebeldes, luchar por nuestros principios hasta el último aliento. Nunca renunciar a lo que somos. 

En un inicio no me gustaba este profesor. Hoy recurro a mis recuerdos sobre él para encontrar inspiración. Jamás olvidaré cuando nos hacía entonar a Machado hasta desgranarlo y hacerlo nuestro, ni cuando tuve que recitar un poema de Salinas mirando a los ojos a todos mis compañeros, e incluso pronunciar en voz alta mis propios versos. Jamás lo olvidaré, ni a su melancolía constante, ni a sus ganas de vivir, ni a la intensidad de sus pasos cuando pisaba el suelo.


¡Si me llamaras, sí,

si me llamaras!


Lo dejaría todo,

todo lo tiraría:

los precios, los catálogos,

el azul del océano en los mapas,

los días y sus noches,

los telegramas viejos

y un amor. 

Tú, que no eres mi amor,

¡si me llamaras!


Y aún espero tu voz:

telescopios abajo,

desde la estrella,

por espejos, por túneles,

por los años bisiestos

puede venir. No sé por dónde.

Desde el prodigio, siempre.

Porque si tú me llamas

-¡si me llamaras, sí, si me llamaras!-

será desde un milagro,

incógnito, sin verlo.


Nunca desde los labios que te beso,

nunca

desde la voz que dice: "no te vayas."

Salinas


Don Carlos me atrapó desde la primera página. No podía parar de leer, lo terminé el mismo día que lo empecé. Mi parte favorita es la escena décima del acto tercero y, por consiguiente, el personaje que más me ha impactado ha sido el Marqués de Poza, por su generosidad, valentía, cariño y lealtad. Carlos es un muchacho muy impulsivo, hace de sus problemas castillos de aire de los que no es capaz de salir. Ama a su madrastra, no comprende a su padre. Se siente como un pájaro en una jaula, y Rodrigo abre la puerta para poder respirar. 

Es una obra llena de conflictos, venganza, amor y odio, y frente a ello, el deseo de la libertad, reflejado en la relación de la reina Isabel y el infante Don Carlos y en la lucha por la independencia de Flandes. La obra de teatro dirigida por Calixto Bieito me impactó, especialmente la última escena. La bomba de un plan imposible, no llega a estallar porque la Iglesia mata la libertad. 

Debo confesar que me alegré de llevar mascarilla en clase, porque me emocionó. Quiero buscar la grabación de la obra y verla completa, me encantó el simbolismo de la puesta en escena y la selección de la música. De nuevo, y al igual que Hamlet, quiero conseguir mi propia versión del libro. En cada página quería subrayar una frase o párrafo nuevo. Me ha hecho suspirar en más de una ocasión, y el final cerrado pero abierto es sublime.

No sabría escoger una canción apropiada. Pensé en volar sin ti, en la versión de Andrés Suárez (cuando se pueda, Mariana de clase y yo iremos a uno de sus conciertos, es triste pintar planes sin ejecutarlos), para retratar los sentimientos de Don Carlos respecto a Isabel, y sin tu latido de Aute respecto a la muerte del Marqués de Poza. 


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